lunes, 21 de julio de 2014

No estamos locos que sabemos lo que queremos. Sábado de playa


Ayer fue sábado y tenemos la suerte de tener la playa a tan solo 20 kilómetros de casa, aprovechando que mi marido está de vacaciones y, muy a su pesar (le gusta la playa lo mismo que una comida familiar con resaca...) estamos yendo todos los días. Como el viernes estaba nublado, decidimos posponerlo para el sábado por la mañana.

-Iremos prontito por la mañana, con unos bocatas, que no habrá tanta gente y por la tarde en casita descansando.

Ya tenemos plan, que guapa soy y que tipo tengo, ole que ole... Craso error, además repetido y sufrido, todos los años, si es que no aprendemos y el año que viene caeremos otra vez, quien sabe... a lo mejor un año nos sorprendemos y no toda la provincia se persona en la misma playa, a la misma hora, queriendo poner la sombrilla en el mismo sitio... De ilusión también se vive.

A las ocho de la mañana ya estábamos en pie de guerra, desayunando con calma, que para eso hemos madrugado y salir lo antes posible, otro error de cálculo... el mercadona (espero que no me cobren por usar una marca comercial...) no abre hasta las nueve y cuarto, si que podemos tomarlo con calma, sí...

Meto en la bolsa de la playa seis toallas, a cual más grande, somos cuatro de familia, pero nos llevamos seis toallas, os juro que la primera vez tenía su lógica aunque no recuerdo cual y lo sigo haciendo por inercia y porque así a la vuelta no me queda la lavadora colgada con media carga, la lleno enterita, que no hay que malgastar energía, tenemos grabado a fuego el tema medioambiental. Seguimos con la crema solar, (que luego tengo que sacar y volver a meter, porque en casa nos ponemos la crema antes de ir, sólo la llevamos para poder re-untarnos si es necesario, factor ciento cincuenta mil, no sea que nos roce la piel uno de esos rayos ultra mega malos). La ropa de recambio, eso de volver con el "shosho" empapado a casa no es agradable, pero sobretodo porque no hay Dios que saque a los niños del agua el tiempo suficiente para que se sequen ni una miajilla. Los dos móviles, los dos ebooks (esto es una esperanza, una ilusión, una visión en la que me veo leyendo plácidamente en la silla, tranquilamente, sin sobresaltos, disfrutando de la brisa marina y de la arena caliente en los pies, que aún no he cumplido, ni sé si algún día cumpliré, si alguien sabe el modo de hacer que los niños se queden en la toalla cinco minutos, no pido más, tranquilos y sin usar cloroformo, que me lo diga, estaré eternamente agradecida). Algo de dinerillo suelto, por si cae un helado. El carnet de conducir, que una vez nos paró la policía y no lo llevaba y no quiero repetir la experiencia y también porque dejo el monedero en casa, si pierdo algo, que sea un solo documento (observar que doy por supuesto que lo puedo perder... ¿despistada yo? ejem...). Las gafas para bucear, a mi hijo se le ponían los ojos como en salmorejo, me daba miedo cuando me miraba con los ojos encendidos, ahora no se si ve algo, pero al menos no se le quedan como en conserva. Las chanclas y el tabaco (sí, sí... mucho medio ambiente y fumadora... a la horca conmigo...) Todo arremetido y embutido en la mochila, que la pobre me mira desde las asas diciéndome "cabrona hazme una operación bikini que me estallan las costuras".

Luego la mochilita nevera, con sus cuatro ladrillos helados, no se como se llaman, esas cosas rectangulares, con líquido dentro que pesan un quintal que en mi casa siempre se han llamado "los chismes helados pa la playa", seguro que el nombre propio es mucho más corto, pero nos entendemos. Con dos botellas de litro y medio de agua, coca-cola y unos zumos.

Otra bolsa (seguimos sumando), con los bocatas, bolsas de patatas, galletas, unos sanwich por si nos quedamos con hambre y no me llevo las croquetas de anoche, porque no sobraron, si no, las meto en un tupper.

En el coche nos espera la bolsa con los cubitos, sus respectivas palas y rastrillos (tenemos cuatro juegos, dos niños, cuatro juegos...), muñecajos varios con formas de pulpo, delfín, tortuga, estrella de mar, castillo, paraguas y fresa (¿fresa? sí, fresa), con las paletas y las pelotitas, pistolas de agua y arena, mucha arena, por mucho que limpiemos los juguetes antes de irnos, la arena encuentra el camino a la bolsa por si misma y se instala con nosotros hasta mediados de septiembre.

Antes teníamos un delfín hinchable gigante, como yo de alto, no destaco por mi altura, solo metro sesenta y uno, pero para un delfín creo que es considerable, que al final, hasta los mismísimos de que ocupara todo el maletero y tener que arremeter todas las demás pertenencias en los rincones más insospechados del coche, y tenemos un señor maletero, (he llegado a meter un cochecito, una trona, tres maletas, una cuna de viaje, tres paquetes de pañales, un calienta biberones, un esterilizador, dos bolsas de mano y dos almohadas y quedar espacio), optamos por des-hincharlo y decirle a los niños que o nosotros o el delfín, menos mal que nos eligieron a nosotros...

También están las tres sillas plegables, una colchoneta, de las de toda la vida, con los cuatro churros y la parte de la almohada, con el diseño, horroroso, de spider-man. (sé que habéis notado que las cantidades de las cosas que tenemos y llevamos no coincide nunca con los que somos en casa... no tenemos aún esa parte de la vida controlada...)

Pasamos lista:
Todo metido en el coche - hecho.
Niños en las sillas y atados (con los cinturones de seguridad del coche... mal pensado...) - hecho.
Cd de música, que apacigua a las fieras - hecho.

Llegamos a la playa!!!! son casi las once... menos mal que hemos madrugado... Y la playa estaba... ¿Cómo estaba la playa? Parafraseando a Dani Rovira, tirabas una aguja y se pinchan veinte. Dios bendito de las sombrillas de colores! Aún no he pisado la arena y ya estoy agobiada, vamos a ver donde encontramos un hueco, dejamos atrás un grupo de familias varias que intentaban hacerse con el mismo espacio de arena, choque de palos de sombrilla a modo espadachín, niños tirándose en plancha como en el beisball a ver quien conseguía hacerse con la entrada, mujeres gritando "corre Antonio, ahí, ahí" y alemanes, rubios altos y rojos como tomates diciendo... bueno, no se que decían, porque no se alemán, pero algo contundente. No podemos correr mucho, imaginaos, vamos cargados como de mudanza, y viendo la batalla de campo arenil, perdida, nos alejamos, con la suerte de encontrar un sitio estupendo, casi en la orilla, sin nadie delante, la arena esta dura, pero como llevamos silla nos da igual, que suerte hemos tenido! desde aquí se ve a los niños que te cagas (perdón!!! super bien). Plantamos las sillas, calculando que nos ofrezcan la "intimidad" de un espacio cómodo. "Palagua vamos"

Dios bendito de los congelados salados!!! que fría está el agua, la primera olita y ya tienes los pelos de punta (que yo me he depilado, pero no se si solo me pasa a mi que tengo mala suerte y un cuerpo que me odia o es a todas las mujeres, da igual cuantas veces me depile, ni con que método, los pelos en verano nunca terminan de desaparecer y crecen mas rápido), pero según van viniendo las olas te vas aclimatando, los pelos se van relajando y no tienes que volver a escuchar a tu hijo diciéndote "mami pinchas"... Ahí nos quedamos como dos horas en plan bolsita de té, a remojo y continuo va y ven marítimo, que mas que decir que vamos a la playa deberíamos decir que vamos al mar, la playa la pisamos por obligación, que por mi podrían poner un cacho de asfalto y tan feliz.

A los niños les entra el hambre, menos mal, porque las arrugas de los dedos ya empezaban a subir peligrosamente por el brazo... a por los bocatas. En ese momento, justo en ese preciso momento, aparecen de la nada seis familias que se nos plantan delante, digo delante por no decir encima, llevan incluso un carro a remolque manual lleno de sillas, ocho sombrillas (se ve que el calculo tampoco es su fuerte), cien mil bolsas mas una llenas de todo lo imaginable y lo inimaginable también. Están tan cerca que casi le puedo contar los poros negros de la nariz a una de ellas. Mi marido los mira sin decir nada y hace un examen visual detallado y mental de la situación.

Terminados los bocatas "palagua" otra vez y ese es mi momento:

-Hay que ver, si se descuidan se nos sientan encima, que yo entiendo que la playa esta llena, y que todos tenemos derecho, pero tampoco es necesario que se pongan tan cerca, míralos rodeando a la abeja reina todas las mayas y los zánganos, que hay que ver, que no hay derecho, que llegan los últimos y se ponen los primeros, que casi me han dado ganas de ofrecerles bocata, que parece que han venido a pasar el día con nosotros.
Mi marido haciendo que sí con la cabeza y yo a lo mío, que destripar me gusta un rato.
-Mírala, la choni mayor, llega abre la silla, se sienta y aquí me las pongan todas, no ha puesto ni una sombrilla, ni ha colocado una toalla, mira la otra, la Mary hipocondríaca persiguiendo a todo el mundo con la crema, como nos descuidemos nos unta a los nuestros. Y ahí la Mary ordenada, ha re-colocado las bolsas ya cinco veces y las que me habré perdido.
Mi marido seguía haciendo que sí con la cabeza, dándome la razón, pero en un arrebato, le suelto:
-Me estas escuchando o solo me das la razón como a los locos? que no me dices na y yo aquí monologueando.
Y me dice:
-Te escucho y estoy y estoy de acuerdo contigo mi amor, pero estoy esperando a ver lo que tardan en irse.
-¿Cómo que en irse? ¡¿Cómo que en irse?! Si acaban de llegar, ya lo que nos queda de playa tendremos que estar olisqueandoles el culo, mira, mira, pero si la sombrilla nos hace sombra a nosotros!
-Antes de lo que crees - me contesta tranquilo - Mira... mira.... mira... ¡OLE!
¡Splash! teníamos bandera amarilla, olaza que te crió, las toallas mojadas, las bolsas empapadas las patatas húmedas, los bocatas salados... ¡Cómo corrían! Pues no se fueron lejos ni na! Yo no lo vi venir, pero mi marido sí, y a mi me dio la sensación de que había sido el que en un pacto con Poseidon me los había quitado de encima.

Ya se, ya se, que la playa es de todo, que no es mía, pero quien a la orilla se arrima... se moja y yo no tuve nada que ver, de echo no les dije nada, si casi les ofrezco bocata, que soy muy buena...

2 comentarios:

  1. Jajajaja, me voy a la montaña. Dioooooooooooooooooooooos!!!!!!!!!!!!!!!

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